El dragón que vino a castigar al pueblo chino

Es una de las historias menos conocidas sobre la muralla china. La única forma que tuve de acceder a ella fue conversando con amigos nacidos en China. A pesar de esto, es una de las leyendas más transgresoras que el sur del Imperio Chino hizo suya durante un tiempo ya lejano y difuso.

Colocando el contexto

Estamos en una época de revueltas –acaso revolucionarias- en la China Imperial. Recién ha llegado a su fin la dinastía Qin (la primera dinastía de China) y el imperio viene y va buscando aires de estabilidad, pero sin ningún tipo de orden ni concierto.

Estamos, tal vez, en la dinastía Han. O posiblemente en el tortuoso período de los Tres Reinos de China. Unos tiempos por demás volátiles, donde la política era un ir y venir de traiciones, suicidios y envenenamientos inducidos. El Imperio Chino se debatía, pues, entre la vida y la muerte.

¿Cómo lo veían en la zona sur de China?

La zona norte de China siempre fue la zona más desarrollada y más incluida en los planes de desarrollo. Allí se desarrollaron los mayores planes comerciales y allí se había comenzado a construir una gran muralla que serviría como defensa de los invasores nómadas.

Por contraparte, al sur de China estaban aldeas, pueblos, que ni siquiera tenían la certeza de quienes eran los emperadores, las autoridades, o de si ya no existía el imperio. Su rutina diaria no se veía afectada, ni a buenas ni a malas, por las decisiones que se tomaran o se cohibieran en el seno del imperio. Desde que el sol salía hasta que la Luna alumbraba, su trabajo era labrar la tierra y criar algunos animales para poder sobrevivir.

Sin embargo, algunos conocían sobre la muralla que se comenzaba a construir. Es posible que algunos pueblerinos trabajaran en la construcción y luego volvieran, tal como lo relata Kafka en sus escritos, por lo que la mayoría de los aldeanos sabía que el primer emperador de China había ordenado construir una muralla de tierra y piedras para defenderse de los enemigos externos.

Con todo lo que llevó a la desaparición de la primera dinastía china, el imperio y todas las grandes ciudades se volvieron un caldo de cultivo para los desaciertos y los infortunios. Esas sensaciones, se decía en el sur del imperio, no eran más que una consecuencia del castigo que el dragón de piedra les había traído a todos los gobernantes del imperio, como una maldición por la brutalidad inhumana con que el emperador Qin Shi Huang y sus inmediatos sucesores habían gobernado a la nación.

El dragón, el animal que dirigía el rumbo de los chinos, aunque seguía reposando en la zona norte del país, cuidándolos, había decidido castigarlos de tal forma que fueran ellos mismos quienes se infligieran el dolor.

Nota: aunque es ya una alegoría sabida, el dragón hace referencia a la muralla china.

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