¿Franz Kafka trabajó en la construcción de la Muralla China?

Uno de los célebres escritores de todos los tiempos, Franz Kafka, publicó por la primera década del siglo pasado un compilado de textos que, tras su muerte, se dieron a conocer con el nombre de “La muralla”. Lo puedes descargar al final de esta publicación.

En ese relato, extenso, el escritor se va paseando entre paralelismos de otra muralla china, hasta llegar a contar una historia personal, donde él es un habitante de algún pueblo del sur de la China Imperial, y que cruzó todo el vasto país para trabajar en la construcción de la muralla. El nivel de detalle y nitidez que aporta Kafka al relato, a más de un crítico de nuestro tiempo le hizo pensar si en realidad Kafka no estaba haciendo uso del paralelismo imaginativo, si no, al contrario, sabía bien de lo que hablaba porque había sido testigo, o había recibido confidencialidades.

Juzguemos.

Kafka: sobre el sistema de construcción de la muralla

La primera parte del relato es una compleja disertación del escritor sobre el método de construcción que adoptaron los emperadores de la época, y del que autorizaban a los encargados de la edificación.

Según relata, la construcción de la muralla se llevaba a cabo en cuadrillas de 20 personas, a quienes se les asignaba una tarea, sin importar el terreno, si era montaña o desierto. La tarea, el objetivo, era construir un tramo de 500 metros de largo, de este a oeste. A otra cuadrilla, un kilómetro al oeste, se le daba la asignación de construir otro tramo de 500 metros de largo, pero en sentido inverso, para encontrarse ambos tramos a la mitad del camino.

Ese sistema de construcción, según el comentario del propio autor, proporcionaba un orden único y reducía el nivel de complejidad psicológica que podría ser tener 40 personas con un objetivo único, en una sola cuadrilla, de completar 1000 metros.

Una de las confesiones más importantes del relato es que, tras culminar ese tramo, a ambas cuadrillas se les asignaba un nuevo tramo, pero en un lugar muy distante de allí. A todos les permitían volver a sus casas antes de seguir en el nuevo tramo. Ese paso era vital, ya que reducía la monotonía de un trabajo tan exigente a niveles ínfimos, y además, les permitía volver a sus aldeas como héroes, lo que les brindaba un sentido de la obligación superior: se sentían parte de la muralla.

Kafka: sobre el sentido de ese sistema de construcción

A pesar de que el propio escritor alababa al sistema de construcción por la facilidad con la que sacaba adelante un proyecto complejo, se cuestionaba la inutilidad de que, tras acabar ambos tramos, faltaba unirlos. Se dice, según su comentario, que la muralla se iba construyendo en tramos discontinuos, por lo que el sentido defensivo era nulo, ya que entre tramo y tramo fácilmente podrían colarse los invasores nómadas que azotaban al Imperio Chino por esos días.

Argumenta el escritor que algunos tramos pudieron no ser “sellados” nunca, por lo que la muralla no tendría más que un sentido ornamental.

Parte final del relato

En la parte final del relato, Kafka recuerda la niñez del protagonista, haciendo alusión a que el Imperio Chino y sus decisiones nunca afectaron, ni para bien ni para mal, la vida diaria de su pueblo. Se cuestiona, en últimas instancias, el motivo que lo llevó a trabajar en la construcción apoteósica de una muralla para un emperador que no conocía, del que nunca tuvo noticias, y que quizás tampoco sabía –el emperador- donde quedaba su pueblo.

Si quieres descargar el relato, haz clic aquí:

La Muralla China – Franz Kafka

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