¿Por qué los europeos no conocieron la Muralla China hasta el siglo XVII?

Entre el periodo que comprendieron los años 1449 y 1644, la Gran Muralla China era uno de los instrumentos políticos más importantes para los gobernantes de la época –la dinastía Ming-.

Los Ming no gozaban de una popularidad tal que les proporcionara tranquilidad, o al menos, quietud. Así las cosas, las invasiones con conceptos desestabilizadores siempre estaban planeándose en contra del imperio que parecía ir de buenas a malas en esos tiempos que corrían.

La muralla era uno de los bastiones defensivos elementales en contrarrestar los intentos invasores de los manchúes, en el norte de China. Dadas estas características y los contextos en los que todo se movía, “visitar” la muralla era una locura, y así era considerada por todos los gobernantes. Nadie, si no era soldado chino, o parte de la aristocracia, podía ir a la monumental edificación. Ni siquiera los campesinos que vivían en zonas cercanas, a quienes se les vigilaba celosamente de “no acercarse demasiado”.

Pero todo cambió en 1644.

Invasión manchú por la zona de Shangaihuan

En el año 1644, la invasión manchú era una realidad. Las fuerzas defensivas parecían colapsar contra el intento sostenido de las tropas nómadas.

No obstante, las tropas del norte por un momento parecieron estar extintas, lo que fue considerado un episodio de paz por la dinastía Ming, y lo que condujo, a priori, a que Bento de Góis, explorador jesuita portugués, caminara por la Gran Muralla China, convirtiéndose de esa manera en el primer ciudadano europeo que la conocía.

Pocos registros quedan de personas posteriores a este explorador, en parte porque después la muralla fue vuelta a considerar el instrumento de batalla contra los invasores, que, finalmente, lograrían su cometido, y colocar a la fugaz dinastía Shun en el poder.

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