Muralla China: protección contra el vandalismo

A pesar de que las múltiples fuentes gubernamentales de China manifiesten de forma tajante que la Gran Muralla China se encuentra en un excelente estado y que su conservación y preservación son una realidad, lo que vemos dista muchísimo de esos comentarios oficiales.

La Gran Muralla China se ha convertido en un monumento muy dócil y débil, quizás vulnerable, ante los envites de la naturaleza, del tiempo, pero también, de los humanos, quienes, como en todo, no sabemos valorar la historia y respetar los monumentos. Pasa en todo el mundo, es la verdad. Pero, tratándose de un Patrimonio de la Humanidad de la Unesco (1987), y teniendo en cuenta su extensión original de 21.000 kilómetros, el problema aumenta exponencialmente.

Huellas de vandalismo en la muralla

vandalismo-inscripcionesAunque debemos tener en cuenta que el gobierno chino ha promulgados leyes especiales que buscan de forma directa proteger la muralla de las actividades humanas irresponsables, los resultados están muy lejos de haber logrado el objetivo, siquiera momentáneamente.

Una muestra de todo aquello son las huellas de vandalismo que aparecen distribuidas por todas las secciones de la muralla, principalmente los sitios más visitados, cerca de Beijing. En el tramo de Badaling, quizás el más visitado, los graffitis y demás pinturas o nombres escritos con marcadores, y demás, están a la orden del día, y, está claro que sean lindos o feos, tienen exactamente el mismo propósito: dañar la muralla. Dañar más de 2.000 años de historia de una de las fortalezas militares mejor concebidas.

¿Qué debe hacer el gobierno chino para proteger la muralla del vandalismo?

No podemos decir regular, porque el gobierno chino lo regula todo. Sin embargo, a veces lo hace de la manera incorrecta, o de una forma inviable. Lo lógico sería que toda la muralla estuviera custodiada, como lo era durante la Dinastía Ming. Sería imposible en tiempos actuales, porque las peores amenazas de China no están en la frontera norte, sino en el continente americano.

Lo otro sería limitar en cantidad el número de visitas. De esa forma, el personal encargado de custodiar y mantener todo en orden en la muralla, podría vigilar de una manera más cómoda y efectiva. De más está decir que Beijing recibe, anualmente, hasta 10 millones de turistas. Si un 60% (mínimo) visita la muralla, ya comenzaríamos a entender el porqué de estas situaciones de poca conservación.

Aunque el trabajo pueda ser arduo, valdría la pena por tratarse de una de las maravillas del mundo moderno. De las menos protegidas, tal vez. Y seguramente de las que menos conocemos. Su conocimiento, sin dudas, dependerá de cómo seamos capaces de conservarla para futuras generaciones.

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